domingo, 24 de abril de 2016

Los hombres que no amaban las mujeres 2011

Frente una película como esta, son varias las maneras de abordarla, una de ellas es que refleja mi actual estado de desencantamiento por las personas, sociedad y mundo. Al igual que Lisbeth Salander que nos vuelve a decir que estamos solos, que tienes que defenderte sola, que nadie va ayudarte cuando estés metida en el fango, es posible que no encuentres unos brazos que te protejan.
La escena final me hizo sentir que hay algo que flota más allá del desasosiego y la frialdad cortante a la que estamos acostumbrados, me hizo sentir que cuando crees estar ilusionada o crees haber encontrado a alguien que se parece al amor, duele que por la otra parte no sea recíproco, me sentí tan identificada cuando ella va en busca de Mikel para regalarle un regalo por navidad y se encuentra con la indiferencia que para el no ha significado nada. Cuantas veces hemos esperado ilusionados algo de alguien y a cambio recibimos una bofetada que nos estalla en pleno corazón.

Esa parte emocional que describo es la que me hace querer a Lisbeth, dibujándose como un ser herido lleno de furia y rabia, brutalidad por los cuatro costados, cuando en realidad lo único que hace es defenderse, quizás porque sabe que los sentimientos duelen, porque sabe que los seres humanos dañan, mienten, abusan de cualquier manera posible. Quizás porque es mejor no esperar nada así no te decepcionas.

La historia es igual que la versión sueca, pero en esta están intensificados algunos momentos cruciales en la historia, por ejemplo la brutal violación totalmente explícita o las escenas abiertamente de sexo sin medios velos. Algo que me gustó, como Lisbeth siempre lleva la iniciativa cuando quiere tener algo con alguien va directamente a ello, acostumbrados a que siempre los hombres llevan la iniciativa (lo más común de ver en el cine) así nos muestra que Lisbeth siempre disfruta de sus relaciones y no deja que los hombres la utilizen como un objeto.

Nadie duda que es un icono totalmente feminista, y también un ejemplo de lo difícil que es ser mujer en un mundo de hombres, que por el simple hecho de ser mujer eres vulnerable al abuso del hombre, en lugar de someterse emplea la violencia como método de venganza y justicia.

Una escena que me gustó casi al final cuando mira una información en el portátil apple y le dice a Mikel que le pase su mano por debajo de la camiseta por la espalda, cuando vi ese momento sentí unas mariposas que recorrieron mi cuerpo, me pareció tan dulce, ¿como es posible que en una película tan violenta pueda caber un instante donde se ve una caricia?
Eso me hizo ver que el director es alguien inteligente que guía al espectador paso a paso por los recovecos más recónditos e impredecibles de Lisbeth, no se queda en la superficie sin más.

La performance de Rooney Mara es de esas que quedan clavadas, es como frágil pero sabes que en cualquier momento puede incendiarse, tiene muchas cualidades que me gustan, es directa, durante estos días he tenido tiempo de hacerme fan de ella, tiene algo cautivador y muy misterioso, es como si tuviera dos partes una que puede resultar distante pero después tiene otra parte que es humana, muy dulce, amorosa y a la vez tímida.
Toda esa batidora de personalidades interpuestas me seduce.

Punzante y cruda como el absimo, un film imprescindible que se odia y se ama con la misma facilidad.


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